MÉTODOS DE AMONEDACIÓN
En la antigüedad se utilizaron
dos formas distintas para fabricar las monedas. El mas utilizado en
aquellos tiempos y que ha llegado hasta nuestros días fue la
acuñación : fabricar una pieza metálica
(el flan) de peso y calidad requeridos, ponerla entre dos cuños,
previamente calentada para facilitar el acuñado, golpear sobre
el cuño para obtener las marcas en el metal que darán
forma a la moneda. Un segundo método consistía en fundir
el metal y verterlo liquido o en grano en moldes de arcilla o de piedra
que previamente habían sido grabados, en negativo, con los
tipos monetales. Con este método sólo se requería
una sola operación.
El sistema de acuñación
acabó imponiéndose porque, aunque era mucho mas trabajoso
y requería de la intervención de muchos mas operarios,
presentaba una serie de ventajas, como la mejor calidad en el resultado,
mayor control en los procesos y la capacidad de emitir grandes series
monetarias. El método de fundición, por el contrario
tiene la ventaja de una mayor simplicidad y muy reducidos gastos de
montaje.
Estos dos métodos no
fueron sucesivos cronológicamente. Las primeras monedas procedentes
de Asia Menor fueron acuñadas como lo fueron mas tarde las
griegas y, sin embargo, en Sicilia ciertas monedas de bronce fueron
en sus comienzos fundidas. También se hicieron mediante la
fundición las grandes piezas de la Italia Central, Etruria,
Umbria y las de Roma del sistema aes grave.
MONEDA FUNDIDA
La fundición es un fenómeno
aislado que convive con el método de acuñación
en una misma cultura y, en general, se ha utilizado de forma esporádica
y como respuesta a problemas concretos y locales: es el caso del aes
grave, que por su tamaño no podía ser
acuñado.
Cuando un pueblo tiene una
economía estable y controlada prefiere el
sistema de acuñación al de fundición. Sin embargo,
la fundición como proceso para obtener moneda siguió
viva en manos de falsarios, quienes amonedaron profusamente por ese
método pues sólo para ojos avezados la distinción
es clara. Damos seguidamente las características más
evidentes de las monedas fundidas, observad el AS de más arriba.
a) superficies granulientas
producidas por el contacto con la arcilla o la piedra.
b) presencia de pequeños
orificios ocasionados por las burbujas de aire aprisionado entre
el metal caliente (estas burbujas sueles desaparecer en los flanes
sometidos a la acuñación).
c) la existencia de un
reborde alrededor de la pieza.
d) una forma redonda del
cospel, mucho mas perfecta que en las monedas acuñadas,
que se deforman al ser golpeadas y
e) una falta de nitidez
en las aristas y contornos de los tipos monetales que naturalmente
contrastan con los perfiles angulosos producidos por el golpe
de la acuñación.
Parece ser que como moldes
para fundir moneda se usaban ciertas piedras refractarias de naturaleza
silícea. Han llegado conservados hasta nosotros algunos moldes
que constan de dos valvas grabadas con los tipos en hueco y en negativo
de alvéolos únicos o múltiples con lo que se
podían fundir una única pieza o varias de ellas. En
cada valva del molde se preparaba un canal de sección semicircular
que coincidía con la cara opuesta, formando así un canal
semicircular por el que se vertía el metal fundido que alimentaba
todo el interior del molde, llenando los alvéolos y formando
así la moneda.
En el método de fundición
múltiple podemos distinguir dos tipos de moldes: placas de
alvéolos no comunicantes y de alvéolos comunicantes.
A su vez estos últimos pueden diferenciarse entre: a) fundición
en rama, donde cada alvéolo es el final del canal y las monedas
no presentan mas que una lengüeta de unión
,
y en rosario, donde las monedas tienen dos lengüetas en los lados
opuestos, o una sola según la posición del alvéolo
en la placa del molde, cuyos rastros quedan en la moneda al separarlas.
Cuando el metal se vertía en liquido, la diversidad de peso
que ofrecían las monedas era muy amplia, siendo algunas el
triple que las otras, diversidad que se achaca a la falta de precisión
en la factura de los moldes (mas profundos unos que otros) o a que
el metal no llegara por igual a todos los alvéolos.
MONEDA ACUÑADA
El otro método para
fabricar moneda en la Antigüedad fue la acuñación.
Ya las primeras monedas de las cuales tenemos conocimiento, de Asia
Menor, se fabricaron por este sistema, que es el que a prevalecido,
con ciertas variantes, hasta el día de hoy, probablemente por
sus claras ventajas: más rápida y mayor producción,
mejor calidad de las monedas y, sobre todo, una mayor dificultad de
falsificación. El método consiste en dos operaciones
fundamentales: 1) fabricación de los flanes monetales o cospeles
y 2) estampación por percusión de los tipos monetales
en dichos flanes.
Flan
monetal o cospel.-
Los métodos para confeccionar
cospeles, es decir, flanes vírgenes que luego sufrirían
la acuñación, fueron muy variados: 1) por fundición,
siguiendo el mismo sistema que para fabricar las monedas fundidas,
pero en este caso, los moldes no llevan grabado el tipo monetal, o
sea, el resultado es un flan liso, sin inscripciones. 2) en barras
cilíndricas de las que se iban cortando los flanes, 3) de una
lámina metálica se recortan con tijeras los cospeles,
4) reacuñando piezas ya amonedadas.
Acuñación.-
El proceso de imprimir por
percusión los tipos monetales en el cospel virgen es lo que
llamamos acuñación. Para acuñar una pieza se
necesitan dos cuños, uno inferior y fijo, llamado Anverso,
que tiene que ir embutido en un yunque, y otro superior y móvil
llamado Reverso. Ambos deben llevar grabados en negativo e incuso
los tipos monetales y las leyendas. Sobre el cuño del anverso
coloca el suppostor el flan monetal sujetándolo
con las tenazas, o los cospeles unidos en ristra. El maellator
golpea con el martillo sobre el cuño del reverso, que oprimirá
e incrustara el cospel contra el anverso y de esta manera el flan
monetal, con los dos tipos ya marcados, se convierte en moneda legalizada.
Nulas son las referencias que los autores antiguos nos han dejado
respecto al hecho mismo de la acuñación, y las representaciones
que encontramos en las monedas tampoco ayudan a desvelar el proceso
completo de la operación implicaba, pues son representaciones
de los útiles empleados, no del proceso en si mismo. De estas
herramientas sabemos algo más debido a que han sido halladas
muchas y gracias a que algunas de ellas han sido desenterradas por
arqueólogos han podido ser datadas.
El proceso de acuñación
mismo empezaba cuando los flanes eran calentados en la mayoría
de los casos ya que así el golpe o los golpes de martillo podían
ser más suaves evitando así que el cuño del reverso,
donde incidía directamente el martillazo, pudiera sufrir fisuras
o roturas. El calentamiento previo de los flanes también posibilitaba
una impresión mas perfecta de los tipos, aunque si el flan
estaba muy caliente provocaba que los contornos de la moneda fueran
poco nítidos, daba la apariencia de que los cuños estaban
más usados de lo que en realidad estaban, y también
el calentamiento de los flanes y en consecuencia su maleabilidad hacia
que no se agrietasen las monedas con tanta facilidad por los bordes.
De todas formas era normal que cada pieza fuera golpeada mas de una
vez para que quedara bien acuñada. Pero este proceso de recalentamiento
de la pieza también tenia sus inconvenientes: si la pieza estaba
muy caliente, al sellarla había mas posibilidades de que el
metal quedara pegado a los cuños, introduciéndose entre
las pequeñas grietas de las epigrafía o entre el pelo
del busto, provocando el engorroso y paciente trabajo de su limpieza,
provocando verdaderos retoques de los cuños. También
al estar el metal del flan demasiado caliente provocaba que algunas
monedas quedaran pegadas al cuño, lo que dificultaba el acto,
siempre rápido, de sustituir el flan acuñado por otro
para acuñar. Por lógica el cuño que más
se calentaba era el del anverso, ya que era donde el flan caliente
permanecía mas tiempo, así que el cuño al cual
se pegaban mas los flanes era este.
Errores
de acuñación.-
Las piezas defectuosas que
han llegado hasta nosotros nos son de mucha utilidad a la hora de
conocer las distintas etapas del proceso de acuñación
así como del numero de personas necesarias para realizar dicho
proceso y también a la velocidad en que se trabajaba. Los errores
mas corrientes consisten en la consecuencia de la repetición
del martillazo cuyo resultado se ve en monedas con doble contorno,
esto es: entre golpe y golpe la moneda se movía y quedaba con
ese doble contorno de los tipos. También ocurría que
el flan no se colocaba bien centrado y el cospel quedaba en parte
fuera de los cuños provocando así la impresión
de sólo una parte del tipo. Otros errores consistían
en colocar un flan entre los cuños y sin llegar a golpearlo
colocar otro flan encima, esto provocaba las monedas que ahora vemos
con una sola cara marcada y la otra virgen. También han llegado
hasta nosotros monedas con dos reversos, uno de ellos incuso, debido
a que en la rápida acción del acuñado el operario
encargado de retirar la moneda ya acuñada no lo hizo a tiempo,
provocando que el reverso de esa moneda actuará de cuño
del reverso para la siguiente. Puede ocurrir justo al contrario: que
sea en el reverso donde quede pegada la moneda, con lo que el resultado
será una moneda con dos anversos, uno de ellos incuso.
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Es evidente que todos estos
errores se producían por el ritmo muy rápido de trabajo:
el operario que pone el flan entre los cuños lo hace más
rápido que el que retira la moneda ya acuñada, resultado:
las matrices caen sobre las dos piezas, re acuñando la primera
y provocando que esta actúe como cuño de la segunda
(de la que está encima de ella) con lo que esa cara queda,
como hemos dicho, incusa.
Con este tipo de fallos, podemos
llegar a la conclusión de que, como mínimo, hay tres
personas actuando en el proceso. La primera en la que sujeta el cuño
del anverso y golpea con el martillo cuando hay una pieza entre los
dos cuños (malleator), la segunda
que es la que, con unas tenazas, pone el flan sobre el cuño
del anverso (suppostor) y una tercera, de
la cual desconocemos el nombre, es la que se encarga de retirar la
pieza ya acuñada antes de que el suppostor vuelva a poner otra
entre cuños. También, por los errores en las monedas,
deducimos que si el operario que retira la moneda ya acuñada
tiene algún problema que ralentiza su actuación sobre
la de los demás operarios es cuando ocurrirá el fallo
y surgirá el error de acuñación. Imaginemos el
proceso realizado a bastante velocidad y comprenderemos el resultado
de las incidencias en la cadencia repetitiva de todo el proceso.
Bien, creo que con lo dicho
hasta aquí, hemos entendido minimamente el procedimiento que
se utilizaba para fabricar la moneda, así entenderemos que
puede haber diferencias entre dos monedas de la misma serie y de la
misma ceca sin que ello signifique que una de ellas, o las dos, sean
falsificaciones. Esto es porque, como hemos dicho, la limpieza de
los troqueles podía llevar a modificaciones substanciales de
los mismos, sobre todo en la epigrafía. De cara a la falsificación
hemos de decir que precisamente las falsificaciones que se hacen utilizando
los métodos antiguos del acuñado son las más
difíciles de identificar.