180 a.C.
Tiberio Sempronio Graco, prefecto de la Hispania Citerior, inicia las luchas para someter a los celtíberos de la Meseta Norte.
179 a.C. Tratados entre los vacceos y Graco a los que Numancia se acoge.
155 a.C. Sublevación de los celtíberos y lusitanos ante la violación de los tratados por parte de Roma.
154-153 a.C.
El pueblo celtíbero de los belos comienza a construir en Segeda, su capital, una muralla que Roma considera una desafío.
El cónsul Quinto Fulvio Nobilior al frente de 30.000 hombres es derrotado por un ejército de numantinos y belos.
153 a.C. C. L. Mummio es nombrado pretor de la Hispania Ulterior.
152 a.C.
El cónsul Claudio Marcelo consigue conquistar algunas ciudades celtíberas aunque no logra ponerse de acuerdo en las condiciones de paz. Se dirige a Numancia sin atacarla; se concede a los arévacos la autonomía bajo ciertas condiciones.
151 a.C. L. Licinio Lúculo toma las ciudades vacceas de Cauca e Intercatia.
151-150 a.C.
Sergio Sulpicio Galba es derrotado por los lusitanos. Posteriormente los ataca a traición causándoles muchas bajas.
147 a.C. Viriato se rebela contra Roma.
142 a.C.
Quinto Cecilio Metelo ataca a los pueblos de la Celtiberia Ulterior; vence a los vacceos pero no consigue someter a las ciudades de Termancia y Numancia.
141 a.C. C. Pompeyo fracasa en sus ataques a Numancia y Termancia.
140 a.C. Fabio Máximo Serviliano es derrotado por los lusitanos y firma la paz con Viriato, que recibe el título de "amicus populi romani"
139 a.C.
Pompeyo firma la paz con Numancia. El Senado Romano no ratifica este tratado ni el que se firmó con Viriato.
Instigados por Q. Servilio Cepión, Viriato es asesinado por sus propios hombres.
Popilio Lenate intenta el asalto de Numacia.
138 a.C. Las tropas de Popilio Lenate son derrotadas por los numantinos.
137 a.C. Tras una nueva derrota, el cónsul Mancino se rinde a los numantinos y acepta la paz. El Senado Romano no la ratifica.
137-135 a.C.
Los sucesores de Mancino, E. Lépido, F. Filón, C. Pisón no intentaron atacar directamente a Numancia.
136 a.C. C. Emilio Lépido es puesto en fuga por los vacceos de Pallantia.
134 a.C.
Llega a la península el cónsul Escipión Emiliano acompañado por los generales Cayo Mario, Yugurta y Cayo Graco así como por el historiador Polibio.
Escipión ataca a los vacceos y destruye sus cosechas para impedir que ayuden a los numantinos. Inicia el asedio a Numancia construyendo unas imponentes obras de circunvalación.
133 a.C. Numancia es destruida.
97 a.C. Tito Didio vence a los arévacos de Termancia causándoles cerca de 20.000 bajas.

 

   
                     
 

os celtíberos se organizaban para pelear en grupos de a pie y a caballo. La caballería constituía entre el 20 y el 25 % del total; tenía más importancia que en otros pueblos, y por supuesto que en el ejército romano en donde representaba del 10 al 14%.

stos guerreros tenían fama de ser rápidos, hábiles y vigorosos. Su pertrecho era ligero: pequeño escudo circular o "caetra" de cuero, umbo y abrazaderas, dardo con el que eran muy hábiles, honda y espada corta, de aguda punta y doble filo cortante que fue adoptada por los romanos - "gladius hispaniensis" -, y casco de doble cimera.

os jinetes aprovechaban las inmejorables características de los caballos de la Celtiberia, que pasaban por ser los más ágiles y rápidos de los conocidos según Estrabón, adiestrándolos a subir por fuertes pendientes y a hincarse o detenerse de inmediato cuando convenía. Por montura utilizaban una ancha cinta o estera, cabalgando sin estribo ni espuela, como se aprecia en las representaciones en cerámica y monedas; no obstante en las necrópolis celtibéricas son frecuentes los bocados y los frenos. Al igual que los infantes , vestían túnica corta, escudo colgado en el lado derecho del pecho del caballo, tahalí, una o dos lanzas y casco de doble cimera.

inetes e infantes iban mezclados a la guerra, utilizando la táctica que los romanos denominaron "concursare", que consistía en cambios rápidos de ataque y huida, es decir, guerra de guerrillas, que conlleva actuación por sorpresa y en terrenos de escasa maniobrabilidad para un ejército grande. Los jinetes cuando era necesario auxiliar a la infantería , desmontaban y actuaban como tales; a veces también el jinete iba acompañado de un soldado de a pie. Solamente en momentos difíciles se agrupaban en columna en forma de cuña.

odo ello se apartaba de la concepción de la guerra de cualquier ejército regular y, por tanto, del romano, lo que llevó a los historiadores de la antigüedad a hablar de indisciplina y de grupos de bandidos.

odas las campañas no consistían en enfrentamientos armados, sino que eran frecuentes las devastaciones y saqueos para obtener botín. También utilizaban el engaño como llevar carros de guerreros disfrazados de mujeres, o lanzar yuntas de bueyes, unidos a carros con teas de sebo y azufre encendidas en los cuernos, para desbaratar la formación enemiga.


                     

a unidad táctica era la legión, compuesta de 4.000 hombres, articulada en 60 centurias (60 legionarios cada una), que para se más operativas se agrupaban en 30 manípulos de 2 centurias cada uno. Los hombres formaban en el manípulo en tres líneas; en la primera estaba la infantería pesada, protegida con yelmo, coraza, escudo y espinilleras y armada cos dos jabalinas y una espada; una segunda línea con similar armamento servía de refuerzo; la tercera, dotada de armamento ligero, actuaba de reserva y cumplía funciones de apoyo. Cada legión constaba además con un cuerpo de unos 300 jinetes. Estos ejércitos incluían un número elevado de mercenarios indígenas, las denominadas tropas auxiliares "auxilia", incluidos celtíberos procedentes de tribus y ciudades sometidas.

a artillería romana o máquinas de guerra, tomadas de los griegos, funcionaban a causa de la fuerza desarrollada por la elasticidad producida por la tensión, caso del arco y la ballesta, empleados para el lanzamiento de flechas; o de torsión, aplicada a la catapulta, para el lanzamiento de saetas, y a la balista para el lanzamiento de piedras (de unos veinte kilos, hasta una distancia de unos cuatrocientos metros.) Para atacar los muros se utilizaban arietes, consistentes en una potente viga terminada en una cabeza metálica, representando frecuentemente un carnero, también se utilizaban otras vigas con garfios o puntas "terebra" que podían arrancar y perforar las piedras.

ESCORPIÓN   TORRE DE ASALTO CON ARIETE

ver más sobre las legiones romanas


PRIUS FLAMMIS COMBUSTA QUAM ARMA NUMANTIA VICTA

(Numancia antes quemada por el fuego que vencida por las armas)

a línea de frontera mantenida hasta entonces se desplazó hacia el Alto Tajo-Jalón y Alto Duero a partir del 154 a.C., con el inicio de las guerras celtibéricas, que se desarrollaron en dos fases; una primera del 153 al 151 a.C., y una segunda, cuyo centro fue Numancia, por ello se denominan "numantinas", entre el 143 y el 133 a.C., que concluyó con la destrucción de la ciudad.

as incidencias de las guerras celtibéricas en la propia Roma queda bien reflejada, hasta el punto de que fue necesario modificar la constitución romana para poder enviar como generales a cónsules de prestigio antes del periodo de 10 años que debía transcurrir de un nombramiento a otro, como en ella se contemplaba; y por otro lado, el hecho de que el cónsul nombrado pudiera hacerse cargo del ejército al inicio de la campaña en primavera, hizo necesario adelantar del 15 marzo al 15 de enero su nombramiento y toma de posesión – para que tuviera tiempo de trasladarse a la Península -, lo que obligó al cambio de inicio del año romano relacionado con el inicio de las funciones públicas.

CÓNSUL

l pretexto para la declaración de la guerra estuvo desencadenado por la ciudad de Segeda (El Poyo de Mara, Zaragoza). Esta ciudad estaba procediendo a la remodelación de su territorio, congregando de grado o por la fuerza a los pobladores de los alrededores, y comenzó a ampliar su recinto y a construir una nueva muralla de 8 km. De perímetro, lo que provocó el enfrentamiento con Roma, ya que ésta interpretó que se alteraba el tratado de Graco. El Senado envió a Fulvio Nobilior, con un ejército de poco menos de 30.000 hombres contra los segedenses, quienes, al enterarse y al no haber acabado de fortificar su ciudad, pidieron acogida con sus mujeres e hijos a los numantinos, que los recibieron como aliados y amigos. De esta manera, Numancia fue arrastrada a la guerra de forma injusta, al decir de Floro, a pesar de haberse abstenido hasta entonces de participar en los combates.

obilior, una vez controlada la zona del Jalón y asentado el campamento de aprovisionamiento en Ocilis (situada en la zona del Jalón, aunque no en Medinaceli, como se había propuesto), se dirigió a Numancia, disponiendo campamentos intermedios de apoyo y protección como el localizado en El Guijar de Almazán. Arevacos y segedenses eligieron como jefe a Caros, que ataco por sorpresa a los romanos y consiguió una gran victoria, matando a seis mil de ellos; los celtíberos también tuvieron grandes perdidas entre otras las del propio jefe Caros. Esta derrota tuvo lugar el 23 de agosto, día consagrado por los romanos a Vulcano, que fue declarado a partir de entonces nefasto, de manera que ningún general romano en el futuro libró batalla en tal día como ese. Nobilior, siguiendo a los numantinos, acampó en La Atalaya de Rinieblas, a 24 estadios de Numancia, a la espera de refuerzos. A su vez, los celtíberos nombraron jefes a Ambon y Leucon, en sustitución de Caros.

n mes más tarde, Nobilior recibió importantes refuerzos de Masinisa, rey de Numidia (Africa) y aliado de Roma, compuestos por trescientos jinetes y diez elefantes, y se preparó para librar batalla con los numantinos en campo abierto. Para sorprender a los celtíberos, Nobilior dispuso en orden sus tropas, pero escondiendo los elefantes a retaguardia, como cuenta Apiano: “Así que hubieron venido a las manos, se abrió la formación y aparecieron las fieras, con cuyo espectáculo, antes nunca visto en las batallas, se aterraron tanto, no sólo los celtíberos, sino aún sus mismos caballos, que huyeron a la ciudad. Nobilior los persiguió hasta las murallas, donde se peleó con valor, hasta que uno de los elefantes, herido en la cabeza con una gran piedra, se enfureció de tal modo que, vuelto a los suyos con terribles bramidos, comenzó a atropellar a cuantos encontraba, sin distinción de amigos o enemigos. A los bramidos de éste, enfurecidos los demás elefantes, comienzan a hacer lo mismo, y atropellan, matan y desbaratan a los romanos”. Al ver los numantinos desde las murallas que los romanos huían, fueron en su persecución, mataron a un buen número de ellos y a tres elefantes, y se apoderaron de sus armas y enseñas.

o acabaron aquí los desastres de Nobilior, ya que también fracasó su ataque a un depósito de provisiones, que los numantinos tenían en la ciudad de Axinio, y fue desbaratado, además, por medio de una emboscada, su intento de alianza con un pueblo vecino. Para completar el cúmulo de desgracias, la ciudad de Ocilis, donde los romanos tenían su abastecimiento, se pasó al bando celtibérico, por lo que Nobilior tuvo que refugiarse y pasar el invierno del 153-152, con escasos víveres, en su campamento de la Atalaya de Renieblas, donde muchos murieron de frío.

l año siguiente, sucedió a Nobilior en el mando M. Claudio Marcelo, uno de los mejores generales romanos de su tiempo. Su objetivo inicial fue controlar el Jalón y someter Ocilis, lo que consiguió a través de sus buenos oficios de negociador, exigiendo sólo unos rehenes y 30 talentos de plata. Esta actitud conciliadora de Marcelo llevó también a Nertobriga (Calatorao?, Zaragoza) a pedir la paz, que se concretó en la entrega solemne de 100 jinetes. Pero atacado Marcelo por sorpresa cuando se dirigía a la ciudad para concretar el pacto, la sitió con máquinas artilleras y construcciones de cerco, asolando su rica llanura, por lo que los nertobrigenses enviaron a un emisario, cubierto con piel de lobo, para solicitar la capitulación, Marcelo la aceptó, con la condición de que todas las ciudades celtibéricas se sometieran al acuerdo de paz, en condiciones similares al tratado de Graco.

 
 
 
Reproducción de la muralla de Numancia.
   
   
   
 
Reproducción de la ciudad de Numancia.

 

as ciudades celtibéricas enviaron emisarios a Roma para negociar la paz; pero mientras los representantes de las ciudades aliadas de la zona citerior fueron admitidos en Roma, los de las ciudades arévacas, consideradas enemigas, tuvieron que acampar fuera de la ciudad. Finalmente, el Senado romano no aceptó el tratado de paz, por lo que Marcelo recibió orden de reanudar la guerra. El general marchó contra Numancia y acampó a cinco estadios de la ciudad (posiblemente en el cerro del Castillejo, a 1 Km.); pero, antes de producirse el enfrentamiento entre romanos y numantinos el jefe de estos, Litenon, pidió negociar con Marcelo; se llegó a un acuerdo, que finalmente firmaron todos los celtíberos, por lo que estos tuvieron que pagar una fuerte indemnización de 600 talentos de plata (3.5 millones de denarios). Esta paz, que fue ratificada por el Senado romano, tuvo una larga duración, desde el 151 al 143 a.C.

lo largo de los años de paz con los celtíberos, los generales romanos desviaron las hostilidades militares hacia los vacceos (L. Licinio Luculo) y los lusitanos. Pero la actuación de los administradores romanos y la situación socio-económica de los pueblos del interior había cambiado poco; por ello se desataron de manera independiente las guerras lusitanas y la segunda fase de las guerras celtibéricas, conocida como Guerra Numantina. En el año 143, fue nombrado para reprimir el levantamiento Q. Cecilio Metelo, que llevó a cabo la táctica tradicional de dejar aislada la Celtibéria Ulterior, por medio del sometimiento de los pueblos del Jalón y del ataque a los vacceos (en el Duero medio), para impedir los suministros a los celtíberos, quienes se hicieron fuertes en Numancia y Termes.

ara los años 141 y 140, fue nombrado Q. Pompeyo quien, con 30.000 infantes y 2.000 jinetes, realizó el itinerario desde el Jalón hasta Numancia (ocupando probablemente el campamento del Castillejo), y fue derrotado por los numantinos y posteriormente por los termestinos. Se dirigió por segunda vez contra Numancia e intentó cercarla, planteándose, incluso, la realización de una zanja que uniera el Merdancho con el Duero para cerrar el paso de la llanura oriental. Pero los ataques constantes de los numantinos dificultaron estos trabajos de bloqueo y ocasionaron grandes pérdidas, por lo que el fracaso por segunda vez ante Numancia le obligó a aceptar condiciones de paz, planteadas por los numantinos a través de su jefe Megara. Sin embargo una vez cumplido lo pactado por los numantinos, y con el pretexto de la llegada de un nuevo general para sustituirle, negó su juramento, remitiendo el asunto al Senado de Roma, por ello, a lo largo del año 139, la guerra con Numancia sufrió un paréntesis, mientras los emisarios de la ciudad discutían en Roma la paz. El Senado se puso de parte de Pompeyo y aprobó la ruptura de la paz, ordenado a Popilio Lenas que reanudase la guerra. Esto suponía que por tercera vez un general romano faltaba a su compromiso jurado con los celtíberos, y la segunda que el Senado recusaba un tratado pactado por un general.

opilio Lenas, volviendo de Lusitania (ya había sido asesinado Viriato), en el 138, se dispuso a continuar la guerra, fracasando ante Numancia, al igual que su sustituto C. Hostilio Mancino. Este general ocasionó al ejercito romano, en el 137 a.C., uno de los mayores ultrajes de su historia. Tras sucesivas derrotas ante Numancia decidió retirarse, aprovechando la noche, al valle del Ebro; pero en su huida fue sorprendido por los numantinos en un desfiladero, sufriendo una fuerte derrota, y viéndose obligado a buscar refugio, probablemente en el campamento derruido de la Atalaya de Rinieblas. Aquí tomó la dura decisión de capitular para salvarse, a pesar de que eran 20.000 soldados romanos frente a 4.000 numantinos. Los numantinos, en vez de matar a todo el ejército aceptaron negociar la paz, y dejaron marchar al ejército romano.

ancino fue llamado a Roma para exponer su justificación acerca de su capitulación; pero el Senado no consideró válido el tratado firmado, y determinó entregar al general derrotado a los numantinos, eximiéndose así de responsabilidad de la palabra empeñada por uno de sus generales. El general F. Furio Filo, designado para el 136 a.C., tenía el encargo, además de hacer la guerra, de entregar a Mancino a los numantinos. Vestido con una simple túnica y atadas las manos, fue dejado ante las murallas de Numancia, pero los numantinos se negaron a aceptarlo, y fue devuelto al campamento y enviado a Roma. Tanto Furio Filo como los dos generales siguientes, Calpurnio Pison, en el 135, y M. Emilio Lépido, posiblemente para evitar complicaciones, desviaron las hostilidades hacía los vacceos, dejando en pie el sometimiento de Numancia.


l Senado, y sobre todo su facción belicista, no podía tolerar por más tiempo que una pequeña ciudad como Numancia estuviera ocasionando tantos problemas a su ejército, victorioso e imparable en todo el Mediterráneo, cuando además su expansión había provocado otros problemas más graves. Todo ello hacía necesario acabar rápidamente con Numancia sin ninguna contemplación, por lo que había que enviar a un general de prestigio. Fue designado P. Cornelio Escipión (Africanus minor), que encabezaba el grupo belicista y había alcanzado el más alto galardón con la destrucción de Carthago, y con el que de nuevo se hizo una excepción, al igual que con Marcelo, para nombrarlo cónsul en enero del 134 sin haber transcurrido todavía 10 años desde su anterior nombramiento.

scipión se encontró con un ejército muy menguado, unos 20.000 hombres – sólo pudo traer de Roma 4.000 voluntarios y algunos hombres que le proporcionó Macipsa, rey de Nmidia, pero contó con la ayuda económica de Antioco de Siria y Atalo de Pérgamo con la que pudo reclutar numerosos mercenarios – y sobre todo sumamente indisciplinado por lo que su primer esfuerzo fue someterlo a duros entrenamientos para dotarlo de moral, disciplina y eficacia.

egún Apiano, tras la campaña contra los vacceos, en el 134 a.C., Escipión avanzó para invernar en la región de Numancia, e instaló sus dos campamentos cerca de la ciudad. Como los numantinos incitaran a los romanos a entablar batalla, prefirió encerrarlos y rendirlos por hambre. Para ello, levantó 7 fuertes alrededor de la ciudad y ordenó rodearla con un foso y una valla. Cuando tuvo esta obra acabada, para una mejor protección, más allá de esta fosa y a poco intervalo construyó otra, guarneciendola de estacas, y levantando un muro de ocho pies de ancho y diez de alto, sin contar las almenas. Se levantaban torres por todas partes, a unos treinta metros unas de otras. Y no siendo posible cercar la laguna próxima, construyó a través de ella una valla de la misma altura y anchura, para suplir la muralla. En lugar de puentes sobre el Duero construyó dos castillos, desde los que tendió vigas de madera, atadas con cuerdas sobre la parte ancha del río; clavadas en ellas había muchos hierros agudos y dardos

CERCO DE NUMANCIA AÑO 133 a.C..

os numantinos intentaron varias veces romper el cerco, ya que no había peor castigo para un celtíbero que no poder morir luchando. Finalmente, Retógenes, acompañado de cinco compañeros y cinco criados, aprovechando una oscura noche de la primavera del año 133 a.C. logró superar el cerco, incluidos los caballos, para los que utilizaron unas tablas, consiguiendo matar y despistar a los centinelas y escapando rápidamente. Se dirigieron a solicitar ayuda a las ciudades arévacas, intentando levantarlas de nuevo contra Roma, pero fue rechazada su petición por miedo a las represalias de los romanos. Solamente de la ciudad de Lutia (situada a 56 km. de Numancia, pero no identificada) encontró Retógenes el apoyo de los jóvenes guerreros; pero, enterada, y tratando de evitar represalias, la asamblea de los ancianos denunció por miedo este intento de rebeldía a Escipión. El general romano se plantó rápidamente ante Lutia y ocupó la ciudad, exigiendo a los ancianos que le entregasen a todos los jóvenes guerreros, unos 400, a los que impuso el cruel castigo de cortarles las manos. Así acabó el único intento de ayuda a Numancia.

l texto de Apiano no deja claro si los dos campamentos iniciales formaban parte del cerco o no. No obstante, Shulten, que estudió los campamentos y el cerco, entre 1906 y 1912, habla de un número total de 9 instalaciones militares. Según el investigador alemán, el cerco de asedio estaría constituido por siete campamentos levantados en los cerros que rodean Numancia y dos castillos ribereños para el control de los ríos.

us exploraciones y la interpretación de los textos de Apiano, le llevaron a localizar los dos campamentos principales en los cerros de Castillejo y Peña Redonda, ya que, situados diametralmente opuestos ofrecían la mejor posición para la defensa de toda la empalizada y el mayor control visual. En el primero, situado al norte, ocupado anteriormente por Marcelo y Pompeyo, se instalaría Escipión. En el segundo, dispuesto en el sureste, donde quedan ruinas bien definidas, se instalaría su hermano Fabio Máximo. Añadió a estos otras cinco instalaciones militares más, que situó en Valdemorrón (al este) con restos informes del llamado puesto de artillería, y en los fuertes de Travesadas (al nordeste), Dehesilla y Alto Real (al oeste) y La Rasa (al sur); así como los castillos ribereños, que ubicó en La Vega, con escasos restos, donde se une el río Tera al Duero, y en El Molino de Garrejo, donde se une el Merdancho al Duero, con muros bien distribuidos y conservados. Además, cita restos también en Valdelillo y Peña Judía.

stos campamentos y castillos estarían unidos por un sólido muro, de 2,4 m. De ancho (Schulten entiende que Apiano se refiere a su parte alta, pero que en su zona baja medía 4 m.) y 3 m. De alto (más 1.5 m. de aparejo), de 9 km. de perímetro, con torres o fortines de madera, dispuestos a distancias irregulares, y constituidos por dos pisos, el de abajo para catapultas y el de arriba para las señales. Este muro iba precedido de un foso profundo y una empalizada, aprovechando los tres ríos y las zonas pantanosas para intensificar la defensa, e incluso el Duero fue controlado por medio de rastrillos; la comunicación entre campamentos se establecía por señales visuales para acudir con refuerzos a aquellos lugares que lo precisaran. Schulten documentó restos de la muralla del cerco entre el castillo ribereño del Molino y el campamento de la Dehesilla, entre Dehesilla y Alto Real, entre el Castillejo y Valdevorrón, y entre el Merdancho y Peña Redonda; el resto la dedujo de la posición del terreno y de la topografía.

n las últimas décadas, diferentes investigadores han llevado a cabo revisiones del material numismático y de los restos arqueológicos hallados por Schulten, sobre todo de los materiales cerámicos (cerámica de importación y ánforas), así como del texto de Apiano sobre campamentos y fuertes – no diferenciados por Schulten -, elevando el número de instalaciones militares en torno a Numancia a dos campamentos, siete fuertes y dos castillos ribereños (frente a los siete campamentos y dos castillos ribereños de Schulten). Esto ha dado pie para plantear algunas interpretaciones alternativas, aunque se mantienen básicamente las líneas generales, tal como las trazó Schulten, con los campamentos principales en castillejo y Peña Redonda, y se asume el mismo esquema de circunvalación y los emplazamientos propuestos por el investigador alemán.

l problema que se plantea ahora en la investigación del cerco escipiónico es que la localización de hallazgos, sobre todo de materiales cerámicos, son frecuentes en el entorno de Numancia, superando el número de campamentos y fuertes citados por Apiano; por ello la investigación deberá centrarse en determinar la entidad de esos hallazgos, ya que un contingente militar de miles de legionarios moviéndose en el entorno numantino pudieron dejar múltiples huellas de su actividad, sin necesidad de que todos esos restos tengan que corresponder a campamentos o fuertes.


l número de militares de que disponía Escipión oscilaría entre 50.000 y 60.000, de los que la mayor parte eran tropas auxiliares hispanas, reclutadas entre los propios indígenas de la Península. De esta manera Numancia fue condenada a la muerte por inanición, ya que unos 4.000 hombres encerrados en la ciudad poco podían hacer frente a semejante dispositivo. En ocasiones intentaron forzar el cerco sin resultado y sin que los romanos respondieran al ataque, como el comentado caso de Retógenes.

a escasez de víveres provocó una situación insostenible en Numancia, los alimentos eran cada vez más escasos, llegando a tener que cocer los cueros y las pieles para comer, e incluso carne humana de los fallecidos. Pero lo pero para el concepto celtibérico del honor no era el hambre, sino el no poder morir luchando. En esta situación, los numantinos, con su jefe Avaros al frente, realizaron negociaciones ante Escipión para conseguir una paz digna. Pero el general romano, que exigía la paz sin condiciones, les ordenó que aquel mismo día llevasen las armas a un sitio convenido y que al día siguiente se presentasen ellos en otro lugar. Esto era para los numantinos inaceptable, pues de sobra sabían cual iba a ser su fin, bien la muerte o bien su existencia como esclavos. Muchos en tal trance prefirieron quitarse ellos mismos la vida, pidiendo un día más de plazo para disponer su muerte.

espués de once meses de asedio, en el verano del 133 a.C. los numantinos supervivientes rindieron la ciudad. Es Apiano quien transmite la información de Polibio, testigo de vista del cerco y caída de Numancia, diciendo que “convenida la rendición los que tal decidieron se tomaron la muerte cada uno a su manera. Los restantes acudieron en el tercer día al lugar designado y se presentaron ante Escipión terribles y de aspecto extraño, con sus cuerpos inmundos, cubiertos de pelo, con sus largas uñas y su suciedad, despidiendo un olor nauseabundo, con sus vestidos andrajosos tan sucios y fétidos como sus cuerpos. Pero su mirada era terrible porque aún se veía en ella la ira, el sufrimiento, la fatiga y el remordimiento de haber devorado a sus compañeros.”

a ciudad fue arrasada, “destruida de raíz” dice Cicerón, y repartido después el territorio numantino entre los pueblos inmediatos aliados de Roma. De los numantinos que entregaron la ciudad, algunos fueron vendidos como esclavos y unos 50 fueron llevados a Roma para formar parte del desfile triunfal de Escipión, celebrado en el año 132 a.C.

sta gesta y lucha por la libertad de un pueblo impresionó tanto a Roma que los escritores romanos posteriores mostraron su simpatía por los numantinos y llevaron hasta la exaltación su heroísmo. Así Petronio, en su Satiricón, dice que cuando Escipión entró en la ciudad vio a madres que apretaban contra su pecho los cuerpos de sus hijos medio devorados; una imagen similar es transmitida por Valerio Máximo: “se encontraron en la ciudad muchos numantinos que llevaban agarrados en sus manos miembros y pedazos de cuerpos humanos destrozados”. Se imaginaron el final de Numancia de otro modo a como lo narra Apiano; para estos historiadores, alejados en el tiempo de la caída de Numancia, los numantinos incendiaron la ciudad y luego se mataron dejándola en llamas y desierta de todo ser viviente( Orosio, Floro y Valerio Máximo). Estos autores, atraídos por la actitud numantina, y en su intento de elevarla a la gloria, forjaron su leyenda, pero también paralelamente restaron valor documental y la veracidad que da la propia dimensión humana.

Imagen del Cerro de la Muela en la actualidad. En su cima se hallan las ruinas de Numancia. Garray, Soria.

Reconstrucción ideal del cerro de la Muela hace más de 2.100 años.

Reconstrucción ideal del campamento romano de la Rasa visto desde las murallas de Numancia

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