
PRIUS FLAMMIS COMBUSTA QUAM ARMA NUMANTIA VICTA
(Numancia antes quemada por el fuego que vencida por las armas)
a
línea de frontera mantenida hasta entonces se desplazó
hacia el Alto Tajo-Jalón y Alto Duero a partir del 154 a.C.,
con el inicio de las guerras celtibéricas, que se desarrollaron
en dos fases; una primera del 153 al 151 a.C., y una segunda, cuyo centro
fue Numancia, por ello se denominan "numantinas", entre el
143 y el 133 a.C., que concluyó con la destrucción de
la ciudad.
as
incidencias de las guerras celtibéricas en la propia Roma queda
bien reflejada, hasta el punto de que fue necesario modificar la constitución
romana para poder enviar como generales a cónsules de prestigio
antes del periodo de 10 años que debía transcurrir de
un nombramiento a otro, como en ella se contemplaba; y por otro lado,
el hecho de que el cónsul nombrado pudiera hacerse cargo del
ejército al inicio de la campaña en primavera, hizo necesario
adelantar del 15 marzo al 15 de enero su nombramiento y toma de posesión
– para que tuviera tiempo de trasladarse a la Península
-, lo que obligó al cambio de inicio del año romano relacionado
con el inicio de las funciones públicas.
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l
pretexto para la declaración de la guerra estuvo desencadenado
por la ciudad de Segeda (El Poyo de Mara, Zaragoza). Esta ciudad estaba
procediendo a la remodelación de su territorio, congregando de
grado o por la fuerza a los pobladores de los alrededores, y comenzó
a ampliar su recinto y a construir una nueva muralla de 8 km. De perímetro,
lo que provocó el enfrentamiento con Roma, ya que ésta
interpretó que se alteraba el tratado de Graco. El Senado envió
a Fulvio Nobilior, con un ejército de poco menos de 30.000 hombres
contra los segedenses, quienes, al enterarse y al no haber acabado de
fortificar su ciudad, pidieron acogida con sus mujeres e hijos a los
numantinos, que los recibieron como aliados y amigos. De esta manera,
Numancia fue arrastrada a la guerra de forma injusta, al decir de Floro,
a pesar de haberse abstenido hasta entonces de participar en los combates.
obilior,
una vez controlada la zona del Jalón y asentado el campamento
de aprovisionamiento en Ocilis (situada en la zona del Jalón,
aunque no en Medinaceli, como se había propuesto), se dirigió
a Numancia, disponiendo campamentos intermedios de apoyo y protección
como el localizado en El Guijar de Almazán. Arevacos y segedenses
eligieron como jefe a Caros, que ataco por sorpresa a los romanos y
consiguió una gran victoria, matando a seis mil de ellos; los
celtíberos también tuvieron grandes perdidas entre otras
las del propio jefe Caros. Esta derrota tuvo lugar el 23 de agosto,
día consagrado por los romanos a Vulcano, que fue declarado a
partir de entonces nefasto, de manera que ningún general romano
en el futuro libró batalla en tal día como ese. Nobilior,
siguiendo a los numantinos, acampó en La Atalaya de Rinieblas,
a 24 estadios de Numancia, a la espera de refuerzos. A su vez, los celtíberos
nombraron jefes a Ambon y Leucon, en sustitución de Caros.
n
mes más tarde, Nobilior recibió importantes refuerzos
de Masinisa, rey de Numidia (Africa) y aliado de Roma, compuestos por
trescientos jinetes y diez elefantes, y se preparó para librar
batalla con los numantinos en campo abierto. Para sorprender a los celtíberos,
Nobilior dispuso en orden sus tropas, pero escondiendo los elefantes
a retaguardia, como cuenta Apiano: “Así que hubieron venido
a las manos, se abrió la formación y aparecieron las fieras,
con cuyo espectáculo, antes nunca visto en las batallas, se aterraron
tanto, no sólo los celtíberos, sino aún sus mismos
caballos, que huyeron a la ciudad. Nobilior los persiguió hasta
las murallas, donde se peleó con valor, hasta que uno de los
elefantes, herido en la cabeza con una gran piedra, se enfureció
de tal modo que, vuelto a los suyos con terribles bramidos, comenzó
a atropellar a cuantos encontraba, sin distinción de amigos o
enemigos. A los bramidos de éste, enfurecidos los demás
elefantes, comienzan a hacer lo mismo, y atropellan, matan y desbaratan
a los romanos”. Al ver los numantinos desde las murallas que los
romanos huían, fueron en su persecución, mataron a un
buen número de ellos y a tres elefantes, y se apoderaron de sus
armas y enseñas.

o
acabaron aquí los desastres de Nobilior, ya que también
fracasó su ataque a un depósito de provisiones, que los
numantinos tenían en la ciudad de Axinio, y fue desbaratado,
además, por medio de una emboscada, su intento de alianza con
un pueblo vecino. Para completar el cúmulo de desgracias, la
ciudad de Ocilis, donde los romanos tenían su abastecimiento,
se pasó al bando celtibérico, por lo que Nobilior tuvo
que refugiarse y pasar el invierno del 153-152, con escasos víveres,
en su campamento de la Atalaya de Renieblas, donde muchos murieron de
frío.
l
año siguiente, sucedió a Nobilior en el mando M. Claudio
Marcelo, uno de los mejores generales romanos de su tiempo. Su objetivo
inicial fue controlar el Jalón y someter Ocilis, lo que consiguió
a través de sus buenos oficios de negociador, exigiendo sólo
unos rehenes y 30 talentos de plata. Esta actitud conciliadora de Marcelo
llevó también a Nertobriga (Calatorao?, Zaragoza) a pedir
la paz, que se concretó en la entrega solemne de 100 jinetes.
Pero atacado Marcelo por sorpresa cuando se dirigía a la ciudad
para concretar el pacto, la sitió con máquinas artilleras
y construcciones de cerco, asolando su rica llanura, por lo que los
nertobrigenses enviaron a un emisario, cubierto con piel de lobo, para
solicitar la capitulación, Marcelo la aceptó, con la condición
de que todas las ciudades celtibéricas se sometieran al acuerdo
de paz, en condiciones similares al tratado de Graco.
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| Reproducción
de la muralla de Numancia. |
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Reproducción
de la ciudad de Numancia. |
as
ciudades celtibéricas enviaron emisarios a Roma para negociar
la paz; pero mientras los representantes de las ciudades aliadas de
la zona citerior fueron admitidos en Roma, los de las ciudades arévacas,
consideradas enemigas, tuvieron que acampar fuera de la ciudad. Finalmente,
el Senado romano no aceptó el tratado de paz, por lo que Marcelo
recibió orden de reanudar la guerra. El general marchó
contra Numancia y acampó a cinco estadios de la ciudad (posiblemente
en el cerro del Castillejo, a 1 Km.); pero, antes de producirse el enfrentamiento
entre romanos y numantinos el jefe de estos, Litenon, pidió negociar
con Marcelo; se llegó a un acuerdo, que finalmente firmaron todos
los celtíberos, por lo que estos tuvieron que pagar una fuerte
indemnización de 600 talentos de plata (3.5 millones de denarios).
Esta paz, que fue ratificada por el Senado romano, tuvo una larga duración,
desde el 151 al 143 a.C.
lo largo de los años de paz con los celtíberos, los generales
romanos desviaron las hostilidades militares hacia los vacceos (L. Licinio
Luculo) y los lusitanos. Pero la actuación de los administradores
romanos y la situación socio-económica de los pueblos
del interior había cambiado poco; por ello se desataron de manera
independiente las guerras lusitanas y la segunda fase de las guerras
celtibéricas, conocida como Guerra Numantina. En el año
143, fue nombrado para reprimir el levantamiento Q. Cecilio Metelo,
que llevó a cabo la táctica tradicional de dejar aislada
la Celtibéria Ulterior, por medio del sometimiento de los pueblos
del Jalón y del ataque a los vacceos (en el Duero medio), para
impedir los suministros a los celtíberos, quienes se hicieron
fuertes en Numancia y Termes.
ara
los años 141 y 140, fue nombrado Q. Pompeyo quien, con 30.000
infantes y 2.000 jinetes, realizó el itinerario desde el Jalón
hasta Numancia (ocupando probablemente el campamento del Castillejo),
y fue derrotado por los numantinos y posteriormente por los termestinos.
Se dirigió por segunda vez contra Numancia e intentó cercarla,
planteándose, incluso, la realización de una zanja que
uniera el Merdancho con el Duero para cerrar el paso de la llanura oriental.
Pero los ataques constantes de los numantinos dificultaron estos trabajos
de bloqueo y ocasionaron grandes pérdidas, por lo que el fracaso
por segunda vez ante Numancia le obligó a aceptar condiciones
de paz, planteadas por los numantinos a través de su jefe Megara.
Sin embargo una vez cumplido lo pactado por los numantinos, y con el
pretexto de la llegada de un nuevo general para sustituirle, negó
su juramento, remitiendo el asunto al Senado de Roma, por ello, a lo
largo del año 139, la guerra con Numancia sufrió un paréntesis,
mientras los emisarios de la ciudad discutían en Roma la paz.
El Senado se puso de parte de Pompeyo y aprobó la ruptura de
la paz, ordenado a Popilio Lenas que reanudase la guerra. Esto suponía
que por tercera vez un general romano faltaba a su compromiso jurado
con los celtíberos, y la segunda que el Senado recusaba un tratado
pactado por un general.
opilio
Lenas, volviendo de Lusitania (ya había sido asesinado Viriato),
en el 138, se dispuso a continuar la guerra, fracasando ante Numancia,
al igual que su sustituto C. Hostilio Mancino. Este general ocasionó
al ejercito romano, en el 137 a.C., uno de los mayores ultrajes de su
historia. Tras sucesivas derrotas ante Numancia decidió retirarse,
aprovechando la noche, al valle del Ebro; pero en su huida fue sorprendido
por los numantinos en un desfiladero, sufriendo una fuerte derrota,
y viéndose obligado a buscar refugio, probablemente en el campamento
derruido de la Atalaya de Rinieblas. Aquí tomó la dura
decisión de capitular para salvarse, a pesar de que eran 20.000
soldados romanos frente a 4.000 numantinos. Los numantinos, en vez de
matar a todo el ejército aceptaron negociar la paz, y dejaron
marchar al ejército romano.
ancino
fue llamado a Roma para exponer su justificación acerca de su
capitulación; pero el Senado no consideró válido
el tratado firmado, y determinó entregar al general derrotado
a los numantinos, eximiéndose así de responsabilidad de
la palabra empeñada por uno de sus generales. El general F. Furio
Filo, designado para el 136 a.C., tenía el encargo, además
de hacer la guerra, de entregar a Mancino a los numantinos. Vestido
con una simple túnica y atadas las manos, fue dejado ante las
murallas de Numancia, pero los numantinos se negaron a aceptarlo, y
fue devuelto al campamento y enviado a Roma. Tanto Furio Filo como los
dos generales siguientes, Calpurnio Pison, en el 135, y M. Emilio Lépido,
posiblemente para evitar complicaciones, desviaron las hostilidades
hacía los vacceos, dejando en pie el sometimiento de Numancia.

l Senado, y
sobre todo su facción belicista, no podía tolerar por
más tiempo que una pequeña ciudad como Numancia estuviera
ocasionando tantos problemas a su ejército, victorioso e imparable
en todo el Mediterráneo, cuando además su expansión
había provocado otros problemas más graves. Todo ello
hacía necesario acabar rápidamente con Numancia sin ninguna
contemplación, por lo que había que enviar a un general
de prestigio. Fue designado P. Cornelio Escipión (Africanus minor),
que encabezaba el grupo belicista y había alcanzado el más
alto galardón con la destrucción de Carthago, y con el
que de nuevo se hizo una excepción, al igual que con Marcelo,
para nombrarlo cónsul en enero del 134 sin haber transcurrido
todavía 10 años desde su anterior nombramiento.
scipión
se encontró con un ejército muy menguado, unos 20.000
hombres – sólo pudo traer de Roma 4.000 voluntarios y algunos
hombres que le proporcionó Macipsa, rey de Nmidia, pero contó
con la ayuda económica de Antioco de Siria y Atalo de Pérgamo
con la que pudo reclutar numerosos mercenarios – y sobre todo
sumamente indisciplinado por lo que su primer esfuerzo fue someterlo
a duros entrenamientos para dotarlo de moral, disciplina y eficacia.
egún
Apiano, tras la campaña contra los vacceos, en el 134 a.C., Escipión
avanzó para invernar en la región de Numancia, e instaló
sus dos campamentos cerca de la ciudad. Como los numantinos incitaran
a los romanos a entablar batalla, prefirió encerrarlos y rendirlos
por hambre. Para ello, levantó 7 fuertes alrededor de la ciudad
y ordenó rodearla con un foso y una valla. Cuando tuvo esta obra
acabada, para una mejor protección, más allá de
esta fosa y a poco intervalo construyó otra, guarneciendola de
estacas, y levantando un muro de ocho pies de ancho y diez de alto,
sin contar las almenas. Se levantaban torres por todas partes, a unos
treinta metros unas de otras. Y no siendo posible cercar la laguna próxima,
construyó a través de ella una valla de la misma altura
y anchura, para suplir la muralla. En lugar de puentes sobre el Duero
construyó dos castillos, desde los que tendió vigas de
madera, atadas con cuerdas sobre la parte ancha del río; clavadas
en ellas había muchos hierros agudos y dardos
.
os
numantinos intentaron varias veces romper el cerco, ya que no había
peor castigo para un celtíbero que no poder morir luchando. Finalmente,
Retógenes, acompañado de cinco compañeros y cinco
criados, aprovechando una oscura noche de la primavera del año
133 a.C. logró superar el cerco, incluidos los caballos, para
los que utilizaron unas tablas, consiguiendo matar y despistar a los
centinelas y escapando rápidamente. Se dirigieron a solicitar
ayuda a las ciudades arévacas, intentando levantarlas de nuevo
contra Roma, pero fue rechazada su petición por miedo a las represalias
de los romanos. Solamente de la ciudad de Lutia (situada a 56 km. de
Numancia, pero no identificada) encontró Retógenes el
apoyo de los jóvenes guerreros; pero, enterada, y tratando de
evitar represalias, la asamblea de los ancianos denunció por
miedo este intento de rebeldía a Escipión. El general
romano se plantó rápidamente ante Lutia y ocupó
la ciudad, exigiendo a los ancianos que le entregasen a todos los jóvenes
guerreros, unos 400, a los que impuso el cruel castigo de cortarles
las manos. Así acabó el único intento de ayuda
a Numancia.
l
texto de Apiano no deja claro si los dos campamentos iniciales formaban
parte del cerco o no. No obstante, Shulten, que estudió los campamentos
y el cerco, entre 1906 y 1912, habla de un número total de 9
instalaciones militares. Según el investigador alemán,
el cerco de asedio estaría constituido por siete campamentos
levantados en los cerros que rodean Numancia y dos castillos ribereños
para el control de los ríos.
us
exploraciones y la interpretación de los textos de Apiano, le
llevaron a localizar los dos campamentos principales en los cerros de
Castillejo y Peña Redonda, ya que, situados diametralmente opuestos
ofrecían la mejor posición para la defensa de toda la
empalizada y el mayor control visual. En el primero, situado al norte,
ocupado anteriormente por Marcelo y Pompeyo, se instalaría Escipión.
En el segundo, dispuesto en el sureste, donde quedan ruinas bien definidas,
se instalaría su hermano Fabio Máximo. Añadió
a estos otras cinco instalaciones militares más, que situó
en Valdemorrón (al este) con restos informes del llamado puesto
de artillería, y en los fuertes de Travesadas (al nordeste),
Dehesilla y Alto Real (al oeste) y La Rasa (al sur); así como
los castillos ribereños, que ubicó en La Vega, con escasos
restos, donde se une el río Tera al Duero, y en El Molino de
Garrejo, donde se une el Merdancho al Duero, con muros bien distribuidos
y conservados. Además, cita restos también en Valdelillo
y Peña Judía.
stos
campamentos y castillos estarían unidos por un sólido
muro, de 2,4 m. De ancho (Schulten entiende que Apiano se refiere a
su parte alta, pero que en su zona baja medía 4 m.) y 3 m. De
alto (más 1.5 m. de aparejo), de 9 km. de perímetro, con
torres o fortines de madera, dispuestos a distancias irregulares, y
constituidos por dos pisos, el de abajo para catapultas y el de arriba
para las señales. Este muro iba precedido de un foso profundo
y una empalizada, aprovechando los tres ríos y las zonas pantanosas
para intensificar la defensa, e incluso el Duero fue controlado por
medio de rastrillos; la comunicación entre campamentos se establecía
por señales visuales para acudir con refuerzos a aquellos lugares
que lo precisaran. Schulten documentó restos de la muralla del
cerco entre el castillo ribereño del Molino y el campamento de
la Dehesilla, entre Dehesilla y Alto Real, entre el Castillejo y Valdevorrón,
y entre el Merdancho y Peña Redonda; el resto la dedujo de la
posición del terreno y de la topografía.
n
las últimas décadas, diferentes investigadores han llevado
a cabo revisiones del material numismático y de los restos arqueológicos
hallados por Schulten, sobre todo de los materiales cerámicos
(cerámica de importación y ánforas), así
como del texto de Apiano sobre campamentos y fuertes – no diferenciados
por Schulten -, elevando el número de instalaciones militares
en torno a Numancia a dos campamentos, siete fuertes y dos castillos
ribereños (frente a los siete campamentos y dos castillos ribereños
de Schulten). Esto ha dado pie para plantear algunas interpretaciones
alternativas, aunque se mantienen básicamente las líneas
generales, tal como las trazó Schulten, con los campamentos principales
en castillejo y Peña Redonda, y se asume el mismo esquema de
circunvalación y los emplazamientos propuestos por el investigador
alemán.
l
problema que se plantea ahora en la investigación del cerco escipiónico
es que la localización de hallazgos, sobre todo de materiales
cerámicos, son frecuentes en el entorno de Numancia, superando
el número de campamentos y fuertes citados por Apiano; por ello
la investigación deberá centrarse en determinar la entidad
de esos hallazgos, ya que un contingente militar de miles de legionarios
moviéndose en el entorno numantino pudieron dejar múltiples
huellas de su actividad, sin necesidad de que todos esos restos tengan
que corresponder a campamentos o fuertes.

l número
de militares de que disponía Escipión oscilaría
entre 50.000 y 60.000, de los que la mayor parte eran tropas auxiliares
hispanas, reclutadas entre los propios indígenas de la Península.
De esta manera Numancia fue condenada a la muerte por inanición,
ya que unos 4.000 hombres encerrados en la ciudad poco podían
hacer frente a semejante dispositivo. En ocasiones intentaron forzar
el cerco sin resultado y sin que los romanos respondieran al ataque,
como el comentado caso de Retógenes.

a
escasez de víveres provocó una situación insostenible
en Numancia, los alimentos eran cada vez más escasos, llegando
a tener que cocer los cueros y las pieles para comer, e incluso carne
humana de los fallecidos. Pero lo pero para el concepto celtibérico
del honor no era el hambre, sino el no poder morir luchando. En esta
situación, los numantinos, con su jefe Avaros al frente, realizaron
negociaciones ante Escipión para conseguir una paz digna. Pero
el general romano, que exigía la paz sin condiciones, les ordenó
que aquel mismo día llevasen las armas a un sitio convenido y
que al día siguiente se presentasen ellos en otro lugar. Esto
era para los numantinos inaceptable, pues de sobra sabían cual
iba a ser su fin, bien la muerte o bien su existencia como esclavos.
Muchos en tal trance prefirieron quitarse ellos mismos la vida, pidiendo
un día más de plazo para disponer su muerte.
espués
de once meses de asedio, en el verano del 133 a.C. los numantinos supervivientes
rindieron la ciudad. Es Apiano quien transmite la información
de Polibio, testigo de vista del cerco y caída de Numancia, diciendo
que “convenida la rendición los que tal decidieron se tomaron
la muerte cada uno a su manera. Los restantes acudieron en el tercer
día al lugar designado y se presentaron ante Escipión
terribles y de aspecto extraño, con sus cuerpos inmundos, cubiertos
de pelo, con sus largas uñas y su suciedad, despidiendo un olor
nauseabundo, con sus vestidos andrajosos tan sucios y fétidos
como sus cuerpos. Pero su mirada era terrible porque aún se veía
en ella la ira, el sufrimiento, la fatiga y el remordimiento de haber
devorado a sus compañeros.”
a
ciudad fue arrasada, “destruida de raíz” dice Cicerón,
y repartido después el territorio numantino entre los pueblos
inmediatos aliados de Roma. De los numantinos que entregaron la ciudad,
algunos fueron vendidos como esclavos y unos 50 fueron llevados a Roma
para formar parte del desfile triunfal de Escipión, celebrado
en el año 132 a.C.
sta
gesta y lucha por la libertad de un pueblo impresionó tanto a
Roma que los escritores romanos posteriores mostraron su simpatía
por los numantinos y llevaron hasta la exaltación su heroísmo.
Así Petronio, en su Satiricón, dice que cuando Escipión
entró en la ciudad vio a madres que apretaban contra su pecho
los cuerpos de sus hijos medio devorados; una imagen similar es transmitida
por Valerio Máximo: “se encontraron en la ciudad muchos
numantinos que llevaban agarrados en sus manos miembros y pedazos de
cuerpos humanos destrozados”. Se imaginaron el final de Numancia
de otro modo a como lo narra Apiano; para estos historiadores, alejados
en el tiempo de la caída de Numancia, los numantinos incendiaron
la ciudad y luego se mataron dejándola en llamas y desierta de
todo ser viviente( Orosio, Floro y Valerio Máximo). Estos autores,
atraídos por la actitud numantina, y en su intento de elevarla
a la gloria, forjaron su leyenda, pero también paralelamente
restaron valor documental y la veracidad que da la propia dimensión
humana.
Imagen del Cerro de la Muela en la actualidad. En su
cima se hallan las ruinas de Numancia. Garray, Soria.

Reconstrucción ideal del cerro de la Muela hace más de 2.100 años.

Reconstrucción ideal del campamento romano de la Rasa visto desde las murallas de Numancia