I PARTE

 

 

PRINCIPAL REPÚBLICA ALTO IMPERIO
II PARTE III PARTE

 

El poder bélico ha sido una de las máximas potencias de la historia. La inigualable eficacia de los ejércitos romanos ante sus enemigos, desde su aparición en una ciudad a orillas del Tiber, fue debida a su férrea disciplina y a la asimilación, sin perjuicios, de las tácticas y armas del enemigo.

Junto a los importantes cambios realizados por los romanos a nivel organizativo, táctico y armamentístico que dejan a ejércitos mucho más numerosos muy atrás, vemos a las legiones como una extensión natural del propio pueblo romano, lo cual es de suma importancia para su propio funcionamiento y efectividad. En este orden de cosas hay que destacar dos hechos muy importantes para que todo esto fuera así: por un lado la creación del campamento militar: durante la noche el ejercito se entrega al sueño protegido por un foso y una muralla de estacas de madera. Esta manera de fortificar el campamento constituyó una de las más importantes fuerzas tácticas de los romanos y siendo extensión del pueblo, el ejercito, toma la ordenación de la ciudad romana para construir sus campamentos. Por otro lado la ordenación en manipulos de sus cohortes, dando al ejercito una movilidad y un apoyo decisivos.

A diferencia de los ejércitos griegos donde el soldado podía presentar queja formal sobre las tácticas de los estrategas y llegar, con esto, a provocar el constante cambio de generales al frente del ejercito, los romanos dan a un sólo hombre elegido por el pueblo el IMPERIVM: el mando supremo sobre las fuerzas militares desplegadas. De esta forma se provoca el control total sobre las unidades y sus tácticas, convirtiéndolas en máquinas de guerra de respuesta unitotal.

Pero ¿cómo entendía un romano de la República eso de S.P.Q.R.?. Senatus Populusque Romanus. El Senado y el Pueblo de Roma. ¿Realmente eran el Senado y el Pueblo entendidos como ahora los entendemos?. El Senado era el poder político, pero para los romanos el pueblo era el poder decisorio y el poder ejecutivo. Un romano en la época de la República era, ante todo, agricultor. No se concebía ningún romano no agricultor. Como agricultor no tenia derecho político alguno, pero una vez pasado por el ejercito todo romano adquiría ese derecho. Así tenemos perfilado el ejercito romano: Un ejercito de pequeños agricultores formando la soldadesca que se pagaba su propio armamento y una élite de latifundistas que formaba el cuerpo de altos cargos militares.

Minifundistas y latifundistas enfrentados en el seno de la República, luchando codo a codo contra los enemigos de Roma. Una paradoja que hace de esto algo único y que llevo a Roma a la cumbre de la civilización antigua.

Así el Senado queda como cuerpo político supeditado a las decisiones de las tribus, del pueblo - ejercito. Por que en Roma a las asambleas sólo acuden a tomar decisiones aquellos que pueden empuñar las armas.

Porque "pueblo" para nosotros tiene más bien connotaciones pacifistas y culturales. Pero el POPVLVS romano era todo lo contrario: un ejercito en potencia dispuesto a la lucha con las armas del agricultor. Y empiezan sus discursos asamblearios dirigiéndose a los presentes con aquello de "QUIRITES..." que en su significado inicial quiere decir PORTADORES DE LANZA.

En el año 218 a.C. un ejercito romano desembarca en Ampurias (Girona, Catalunya, España) con la misión de cortar los suministros al ejercito de Aníbal, el cual se dirige hacia Italia. Este es el primer contacto de un ejercito romano con las tierras Hispanas y con sus gentes y más tarde empiezan las acuñaciones hispano romanas de moneda, para abastecer a las tropas en servicio en la península. Ampurias acuña desde hace tiempo con los griegos.

Por aquellos tiempos la fabricación indígena de armas se limita a un nivel meramente personal. No hay producción a gran escala. Posiblemente sea a nivel tribal, como máximo. Pero esto pronto cambia con la llegada de los romanos, que rápidamente organizan la producción a nivel industrial poniendo en marcha la explotación minera a gran escala.. En un primer momento los collegia opificum viajan a retaguardia de las legiones, pero a medida que el dominio romano se extiende y se asienta en la península estas corporaciones buscan emplazamientos fijos en lugares bien abastecidos de materia prima. Con lo cual pronto se forman a su alrededor núcleos poblados que toman rápidamente importancia comercial.

Los derechos comerciales emanados de dicha actividad son explotados por el gobierno a través de los collegia opificum, los cuales son corporaciones sindicadas de acceso difícil para todo aquel que no tuviera una buena “recomendación”. Normalmente el puesto se heredaba de padres a hijos, y pagaban un tributo al gobierno romano por el arrendamiento de las explotaciones mineras, como así se refleja en la Lex metalli Vipascensis y en el libro XXXIV de Plinio.

En el caso que nos importa, la fabricación de armamento, los obreros de los collegia opificum, se llamaban metallarii y aunque estos tenían gran experiencia, en Hispania, aprendieron nuevos procedimientos para el templado del metal mucho más efectivos. Que en un primer momento dieron clara ventaja a las armas indígenas, no sólo por los métodos de fabricación sino por las características propias de las armas que las hacían más efectivas que las romanas debido a las estrategias de lucha que venían asociadas a la conformación física del territorio Ibérico.

La explotación de hierro en la península Ibérica puede remontarse alrededor del año 700 a. C., cuando se aprendió a fundir los metales. El trabajo sobre el hierro en la Celtiberia procedía de Bílbilis y Turiaso, cerca del Moncayo y a orillas del río Jalón. Otra zona importante de explotación minera fue la región de Cantabria y de menor importancia fueron Cataluña y Andalucía. Pero, según Marcial, la importancia de las armas celtibéricas respecto a las demás radicaba en su temple, el cual se conseguía gracias a la facultad de los ríos para enfriar y templar su hierro. Cosa que creó una tópico en la Roma de aquellos tiempos.

Aparte de esas cualidades del temple en el hierro celtibérico, hasta Roma también llegó la técnica de los herreros ibéricos en trabajarlo y así, con esa fama casi mítica, no tardó mucho el ejercito romano en adoptar la espada ibérica (gladius hispaniensis) por aquellos tiempos del final de la segunda guerra Púnica.