218-201
II Guerra Púnica.
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218 Aníbal asedia y toma Sagunto.
Prohibición de los grandes negocios marítimos a los
senadores. Colonias latinas en Placentia y Cremona. Desembarco romano
en Ampurias Aníbal entra en Italia. Derrotas romanas del Tesino
y el Trebia
217 Victoria de Aníbal en el Trasimeno
y muerte de Flaminio. Dictadura de Fabio Máximo. Aníbal
cruza Campania
216 Desastre de Cannas (2 de agosto).
Defecciones en Italia (Capua)
215 Duplicación del 'tributum'.
Alianza entre Aníbal y Filipo V de Macedonia tras la muerte
de Hierón. Derrota de Asdrúbal en Dertosa
214-205 I Guerra Macedónica
214 Muerte de Jerónimo de Siracusa.
Levino en Iliria
213 Aníbal en Tarento. Asedio
romano de Siracusa. 22 legiones movilizadas
212 Sitio de Capua. Aparición
del denario. Alianza con la Liga Etolia. Representaciones teatrales
(Plauto, etc.)
211 Aníbal marcha sobre Roma.
Roma castiga a Capua y toma Siracusa (muerte de Arquímedes).Armisticio
entre Cartago y los númidas.Los Escipión mueren en Hispania
210 Doce colonias latinas rehuyen aportar
contingentes. Toma de Agrigento. El futuro Africano llega a Hispania
209 Quinto consulado de Fabio. Reconquista
de Tarento. Toma de Carthago Nova por Escipión
208 Muerte de Marcelo tras ocho años
de mando. Victoria de Baecula
207 Asdrúbal vencido y muerto
en el río Metauro
206 Batalla de Ilipa (fin de la guerra
en Hispania). Filipo V y los etolios firman la paz
205 Consulado de Escipión, que
pasa a Sicilia. Paz de Fenice con Macedonia. Introducción del
culto a la Gran Diosa Madre en Roma
204 Escipión pasa al Africa. Alianza
con Masinissa. Sífax apoya a Cartago. Ataques púnicos
en el Tirreno.
203 Victorias de Escipión en Africa.
Captura de Sífax. Masinissa controla ambas Numidias. Aníbal
vuelve a Cartago. Derrota de Magón en la Galia
202 Victoria de Escipión en Zama
Regia
201 Rendición de Cartago. Masinissa,
rey de Numidia. Atalo y Rodas solicitan ayuda romana contra Filipo
V
200-196 II Guerra Macedónica.
Año 216. Las tropas de Anibal ya han atravesado los Alpes
y han derrotado a las temibles legiones Romanas en Tesino, Trebia
y Trasimeno. Los Romanos, preocupados, pero terriblemente confiados,
decidieron enfrentarse a Anibal en Cannas. Para ello reunieron un
impresionante ejército de 80.000 infantes y 6.000 jinetes comandados
por los cónsules Cayo Terencio Varrón
y Lucio Emilio Paulo. Los cartagineses
se oponían con 40.000 infantes y 10.000 jinetes.
Los historiadores Tito Livio y Polibio indican que los cónsules
plantearon muy mal la batalla; el terreno les era claramente desfavorable
y se fiaron exclusivamente de la enorme fuerza de sus legiones y de
sus superioridad numérica e ignoraron el peligro de la experimentada
caballería númida, celta e ibera que acompañaban
a Anibal. Pensaron que el solo empuje de sus ocho legiones sería
suficiente para que el ejército de Anibal dejara de existir.
Varrón se situo a la izquierda, al mando de 4.800 jinetes
de la caballería romana, mientras que Paulo lo hizo a la derecha,
con unos escasos 1.600 jinetes. Entre ellos se extendía una
línea formada por las legiones I, II, XII, XIII, XIV, XV, XVI
y XVII. Frente al despliege romano, Aníbal dispuso una línea
convexa formada por la parte más débil de su ejercito,
la infantería ligera ibera y celta. Anibal sabía que
no podrían oponerse a las legiones romanas, pero su idea era
muy diferente y ha pasado a ser un ejemplo de estrategia militar que
aún hoy en día se continúa estudiando en las
academias militares.

El general cartaginés reforzó los extremos de esta
línea con la infanteria pesada africana, que impediría
cualquier intento romano de envolver la línea cartaginesa.
A su izquierda 6.000 jinetes celtas e iberos, mandados por Asdrubal
(hermano de Anibal), se enfrentarían a la reducida fuerza de
Paulo. Mientras, los 4.000 númidas del jefe de la caballería
cartaginesa, Maharbal, se medirían con las fuerzas de Varrón.
La infantería cartaginesa resistió el ataque de las
legiones, retrocediendo lentamente hasta convertir el inicial despliegue
convexo en una concavidad en la que se iban acumulando cada vez más
legionarios, un embudo mortal que volvía inútil su fuerza.
En las alas, la caballería de Asdrúbal derrotó
con rapídez a la de Paulo, dispersándola, mientras los
jinetes de Maharbal acosaban a los de Varrón. Los hombres de
Asdrúbal atacaron por la retaguardia a la caballería
romana, derrotándola. Entonces, unidos a los jinetes que comandaba
Maharbal, ocuparon la retaguardia de las legiones que, en su ciego
impulso hacia adelante, habían pasado de largo de la infantería
pesada cartaginesa que ahora les atacaba por los flancos. El resultado
es que ahora las legiones romanas tenían a la infantería
cartaginesa atenazándoles, a la caballería cartaginesa
atacándoles por la retaguardia y a la infantería pesada
púnica atacándoles por los flancos.
Completamente rodeadas, el ejército romano fue exterminado
a lo largo de toda la jornada. Los cartagineses no pensaron en hacer
prisioneros y los romanos no se rindieron en masa. Varrón escapó,
pero Paulo, los cuestores de ambos cónsules, veintinueve tribunos
militares y ochenta patricios con rango senatorial se contaban entre
los muertos. El desastre fue tan grande que la sexta parte del total
de hombres que Roma tenía en armas en todos los frentes de
sus guerras murieron en un solo día. Le restaban a Roma dos
legiones en la propia ciudad, la XX y la XXI, y otras dos en el valle
del Po (XVIII y XIX); el resto se encontraba en Hispania, Sicilia
y Cerdeña. Por su parte, Anibal había perdido unos 8.000
hombres, la mayoría pertenecientes a la infantería celta.
Al caer la noche, unos 50.000 cadaveres cubrían el campo de
batalla. El ejercito romano había dejado de existir y el mito
de la imbatibilidad de Anibal alcanzó su apogeo. Al la mañana
siguiente, su lugarteniente Maharbal le instó a dirigirse hacia
Roma aprovechando la inercia de la victoria y que la ciudad estaba
sólo defendida por sus ciudadanos, pero no por sus ejercitos.
Los medios romanos eran tan escasos que debieron recurrir a la formación
de dos nuevas legiones integradas por esclavos comprados a sus amos
y deudores sacados de las cárceles, a los que hubo que equipar
a toda prisa con las armas de los templos, botines de anteriores campañas.
Muy poco para oponerse a un ejército embravecido por un triunfo
sin parangón.
Pero aquí nace uno de los mayores enigmas de la historia:
Anibal no se atrevió a marchar contra la indefensa Roma. Quizá
sus 40.000 hombres que tenía aptos para el combate no podían
iniciar un ataque directo contra una ciudad de 300.000 habitantes,
pero sí para bloquearla y forzarla a negociar cuando el hambre
empezara a causar estragos, o esperar que, en un intento de desbloquearla,
el ejército romano presentara de nuevo combate con fuerzas
disminuidas sufriendo, probablemente, una derrota que pusiera término
a la guerra y que hubiera cambiado la historia. Al no hacerlo, perdió
su gran oportunidad y los romanos no le concedieron ya otra.
Pero la batalla de Cannas pasó a la historia como un modelo
de estrategia militar y de como un ejercito bien dirigido podría
derrotar oponentes superiores y más poderosos. Anibal ha pasado
a la historia como uno de los generales más brillantes y su
estrategia ha sido imitada a lo largo de la historia.